Esta transformación del sistema de evaluación implica un ejercicio más crítico en la selección y aplicación de los criterios de evaluación y adjudicación, que, a través del cumplimiento de cuatro características y requisitos esenciales, permitirán seleccionar la oferta que mejor satisface el interés general.
En los últimos años la finalidad de la contratación pública se ha
transformado. Ha pasado de ser solo aquel mecanismo utilizado por el Estado para adquirir del sector privado la prestación
de servicios, ejecución de obras y el suministro de bienes, a convertirse, además, en una herramienta para la promoción y ejecución de políticas públicas para el desarrollo. Esta transformación
se debe en gran medida a la inversión económica que representa la contratación pública, a la que se destina en promedio cerca
del 12 al 15 % del PIB a nivel global.
Esta nueva finalidad de la contratación pública, ahora más
amplia, supone una revisión integral del sistema y criterios de evaluación y adjudicación de las ofertas tradicionales, debido a que se requieren innovadoras y mejores formas para contratar, que
respondan no solo al interés de abastecimiento y la eficiencia del
gasto, sino al uso estratégico de la contratación.